Cartas desde la locura

Viaje al centro de la quadrophenia

‘Quinquis’ lumpen. Todos están muertos. Foto: Especial.

Ramón Martínez de Velasco

@ramavelm

La ternura puede ser tan abstracta como la locura”: David Lynch.

Los ‘quinquis’ fueron personajes barriobajeros. Un grupo étnico nómada, con algo de gitano, cuya principal fuente de ingresos provenía de vender ‘quincalla’ (piezas de metal de poco valor), aunque también le entraron al ‘trapicheo’ y como ‘camellos’ en la venta de heroína.

Colonizaron las periferias de Barcelona y Madrid. Atemorizaron a las señoras y las quinceañeras se enamoraron locamente de ellos.

Los reformatorios y centros penitenciarios pusieron el ojo en ellos y los arrojaron al abismo de la quadrophenia.

Su loca desilusión no menguó con la mentada ‘transición española’ (que no creció desde el pie, sino que les llegó en versión editada).

Los chavalitos ‘quinquis’ comenzaron su mala vida al tiempo que moría el generalito Francisco Franco, en 1975. A los siete años de edad ya roban autos. A los 11 ya suman antecedentes policiales por atracos a droguerías, tiendas y bancos. A los 15 ya fuman mota, se inyectan heroína e inhalan cocaína.

Aunque ya urbanos ellos, los padres trabajan el campo. Las madres son alcohólicas y tienen hermanos tras las rejas.

Obligados a mendigar, en las calles forman pandillas muy cabronas. Unos van al reformatorio. Otros, directo a la desintoxicación. Algunos ya embarazaron a su chavalita.

Los más precoces comienzan a ser noticia: el ‘Torete’, el ‘Vaquilla’, el ‘Jaro’, Sonia, el ‘Mini’, el ‘Pirri’, el ‘Kung Fu’, el ‘Nani’, el ‘Quiqui’, el ‘Julito’, el ‘Niño’, el ‘Toni’, el ‘Yiyo’, máximos exponentes de la llamada Generación Perdida de la Heroína.

Sus días trascurrieron entre la indigencia, el submundo de las adicciones, y sus parientes los abandonaron.

Estos ‘niños límite’ contrajeron Sida, cometieron homicidios, ingresaron al Purgatorio de las cárceles franquistas, fueron torturados, sufrieron palizas inmisericordes, quedaron ciegos o con facultades mentales disminuidas, fallecieron por cirrosos o asesinados, y sus restos arrojados a la fosa común.

Entre sus oficios y sus desmadres se plantó la siempre virulenta prensa ‘amarillista’, que los presentó como viles perros callejeros, dementes y desarraigados, y no como una franja de la barriada periférica que apenas pasó por el colegio y que estaba más hambrienta que las ratas.

Hubo rotativos que no desaprovecharon su animadversión para enjuiciar y encerrar a decenas de menores de edad en las correccionales por “ser promiscuos, de poca capacidad intelectual y vida desordenada”.

La verdad es que la poca capacidad intelectual estaba del lado de los rotativos y de sus reporteritos (como hoy en México).

Nunca entendieron que los ‘quinquis’ nacieron en el mundo de los miserables y en una época equivocada.

Tampoco entendieron que los chavales ‘quinquis’ no estaban locos.

Sino que, precisamente, fue su aguda y lúcida capacidad intelectual la que los llevó a la locura.

Most peculiar!

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *