Cartas desde la locura

Todo en mí es naufragio

John Callahan: Slow Volkswagen Coming. Imagen: Especial.

Ramón Martínez de Velasco

@ramavelm

Siento nostalgia de aquellos días de fiesta. Cuando todo merodeaba por delante y el futuro aún estaba en su sitio”: Luis García Montero.

La truculenta vida de John Callahan inició el 5 de febrero de 1951, día en que nació y fue abandonado por su madre, a quien nunca conoció.

Siguió en un orfanato, donde fue adoptado por una pareja que creía no poder tener descendencia. Y luego en una escuela católica, donde le dio por dibujar y caricaturizar a las monjas “para divertir a mis amigos en clase”.

A los 8 años de edad se lo fajó una maestra. A los 12 incursionó en el túnel del alcohol.

A los 16 trabajó en un manicomio. A los 20 se mudó a Los Ángeles, donde ingresó a otro manicomio: el truculento mundo de los medios, como viñetista del New Yorker, de la revista Playboy, y de algunas delirantes revistas underground.

A sus 21 añitos vaciaba botellas de noche y destapaba otras por la mañana, para no sufrir la horrible ‘cruda’. “Un día cualquiera me podía beber doce cervezas, vino tinto y whisky”. Refrigerio al que agregó marihuana y LSD (cuyo efecto le asustó).

Su primera juventud transcurre entre jornadas de trabajo y borracheras. El 21 de julio de 1972 organiza un ‘tour’ de bar en bar. El 22 la farra culmina con su Volkswagen pulverizado, con él tetrapléjico, y con el conductor a salvo y fugado.

La silla de ruedas es su lento y eterno Volkswagen. Sólo puede extender los dedos. Así dibuja, siempre en blanco y (humor) negro. Sus rústicas viñetas ocasionan protestas en las ‘Cartas al Director’ y boicots publicitarios contra el diario alternativo Willamette Week por considerarlas irrespetuosas, depravadas, indecorosas, groseras y de mal gusto.

Callahan se burla de sus críticos. “La única opinión que me interesa es la de gente como yo (discapacitada). Para saber si he ido demasiado lejos, sólo me fijo en la reacción de personas en sillas de ruedas o con ganchos en las manos que, al igual que yo, están hartos de los presumidos que hablan en nuestro nombre. Su compasión y paternalismo es lo peor de la Humanidad”.

Digamos que el viñetista entendió bien a : “Una fiesta nunca se hace para alguien, sino en contra de alguien”. Digamos que en ese clima de histeria nuestro viñetista hizo 50 amigos y 500 enemigos.

John Callahan abandonó su eterno Volkswagen un 24 de julio del 2010.

Tenía 59, según los médicos.

Yo digo que no.

Y digo que, en realidad, nació muerto.

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