Cartas desde la locura

Tarde de perros

John Wojtowicz, en el Chase Manhattan Bank. Foto: Especial.

Ramón Martínez de Velasco

@ramavelm

No soy nada. Lo sé. Pero completo mi nada con un poco de todo”: Víctor Hugo.

El 22 de agosto de 1972 John Wojtowicz entró armado al Chase Manhattan Bank, en el barrio neoyorquino de Brooklyn.

Su esposa, Carmen Bifulco, no tenía ni idea. Mucho menos imaginaba que su Johnny tenía una pareja ‘gay’ y que necesitaba el dinero para que su ‘loca’ se sometiera a una operación de cambio de sexo. “Cuando conocí a Ernest Aron fue un flechazo. Lo quería yo tanto que hice lo que hice”.

El atraco fue un fracaso. La idea era entrar y salir con fajos de billetes pero la cosa se torció y se convirtió en un secuestro con rehenes, que se prolongó 14 horas.

El frustrado robo se convirtió en la crónica de un personaje inclasificable, patético, adicto al sexo, bisexual declarado, simpatizante del Partido Republicano, militante de causas perdidas, ex soldado en Vietnam. “No fumo ni bebo. No me drogo ni soy un jugador. Soy un ángel”.

Ni John ni sus cómplices (Salvatore Naturale y Bobby Westenberg) hicieron preparativos para el asalto al banco. De una sala de cine en la calle 42 ingresaron con escopetas en la sucursal de Brooklyn.

Bobby entró en pánico y se marchó. Salvatore era tan lento que una empleada tuvo tiempo para sonar la alarma. Y la bóveda estaba prácticamente vacía.

En minutos el edificio estaba rodeado y la zona se llenó de curiosos, agentes del FBI, servicios de emergencia y francotiradores en las azoteas. La comidilla para la prensa sensacionalista estaba servida. En vivo y en directo. “Era un circo. Había una multitud en Brooklyn. Todo un espectáculo”.

Frente al Chase Manhattan Bank, en un salón de belleza, la policía comenzó las negociaciones. Wojtowicz pidió pizzas para los rehenes y pagó con fajos de billetes. Como parte del drama, el novato ladrón salió del banco y arrojó dinero a unos 2,000 curiosos.

Acto seguido, pidió la presencia de la radio y la televisión e hizo públicas sus exigencias para liberar a los empleados retenidos: “Quiero que traigan a mi esposa del hospital. Su nombre es Ernest Aron. Es un hombre. Yo soy gay”. (Johnny y Ernest se casaron un año antes. Aron había sufrido depresiones porque quería ser mujer y hasta intentó suicidarse.) Aron fue llevado al circo, “despeinada y angustiada”.

Aquél “soy gay” llevó a algunos investigadores a sospechar que detrás de los atracadores estaba la mafia, pues muchos bares ‘gay’ eran gestionados por bandas del crimen organizado. Pero no. Se trataba de “la liberación ‘gay’ directo a la yugular”.

Epílogo

Catorce horas después, a John y Salvatore les prometieron un vuelo para huir de los Estados Unidos. Al llegar al aeropuerto un francotirador le voló los sesos a Salvatore Naturale. A Wojtowicz lo detuvieron. Los rehenes fueron liberados.

Nuestro desvalido neoyorquino, “tradicional italiano del Brooklyn”, fue sentenciado a 20 años de prisión en la penitenciaria federal de Lewisburg, donde se enamoró del convicto George Heath, algo así como su tercera esposa.

En esas andaba cuando se estrenó la película ‘Tarde de perros’, protagonizada por Al Pacino, en cuyo cartel publicitario se leía: “El atraco tenía que haber durado diez minutos. Cuatro horas más tarde el banco era un circo. Ocho horas más tarde era la emisión en directo más importante de la televisión. Doce horas más tarde era historia, completamente real”.

Johnny nunca se reunió con Al Pacino.

Seis años después salía de la cárcel para continuar con su tortuosa vida. Enfermó de cáncer, se negó a recibir tratamiento, y murió en el 2006.

Ernest Aron se operó y se convirtió en Liz Eden. Murió por causa del Sida.

Carmen Bifulco fue al cine, nomás por ver a Al Pacino.

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