Mujer de la sospecha

¿Por qué a muchos mexicanos no nos gustó Roma?

Imagen: Especial.

Yezica Montero Juárez*

El tema Roma aún no se agota. Se sigue esperando a los premios Oscar como broche de oro, a modo de legitimar una película mexicana, que ya ha sido premiada en distintos festivales en el mundo. Sin embargo, el premio de la hegemonía cinematográfica aún tiene a muchos bajo expectativa.

Hemos visto cómo esta película ha fascinado al público extranjero; y ha mantenido discusiones acaloradas entre las redes sociales y las mesas familiares. En lo general, se percibe que los mexicanos no conectamos con la película. Lejos de tacharnos a nosotros mismos como ignotos en materia de fotografía, ambientación y demás detalles utilitarios; el guión no llegó a penetrar en la audiencia mexicana.

Cuarón está consciente de este fenómeno, al respecto comentó a la periodista Susana Moscatel: “–¿Te ha sorprendido la forma en la que Roma se ha vivido en algún lugar en particular y que quizá la entiendan distinto a nosotros aquí? –Curiosamente me sorprendió muchísimo, porque yo pensé que la película era muy específica, sin embargo, creo que se están conectando con cosas muy parecidas. Quizás el mexicano tenga mucho más contexto social en la especificidad de la película; creo que el mexicano le puede dar más niveles de lectura, para bien y para mal, pero el público fuera de México se está conectando de manera mucho más fuerte al contenido emocional de la película”.[i]

Cuarón acertó en esa especificidad, a lo que el sociólogo, Norberto Elías, conceptualizó como “compromiso y distanciamiento”[ii]. Cuarón fue tan cercano y específico en su narrativa, que esto ha llegado a hartar el gusto estético, auditivo y simbólico de lo que es ser mexicano. Se fue al extremo narrativo de nuestra identidad. Debió haber mantenido la distancia del ser. Sólo los mexicanos sabemos que tenemos los patios llenos de cacas de perro y que eso puede ser un factor de pedimento de divorcio.

Los detalles chocantes como el llevar a la majestuosidad cinematográfica el agua con la que se lava un patio, el terregal característico de las periferias urbanas, los incendios recurrentes de las fiestas decembrinas por pirotecnia y el ruidero que producen los aviones del sobreviviente aeropuerto Benito Juárez; al mexicano promedio no le causa ningún sentimiento estético. Las alabanzas a esta historia han sido tantas, que llegan a caer en lo burdo. Quiénes encuentran belleza en esta película, descalifican a quienes manifestamos un natural aburrimiento por su detallismo. Tal vez los nostálgicos hayan conectado con la Colonia Roma de aquel entonces. Tal vez los estudiosos del cine no comprendan el por qué del tedio de la mayoría de los mexicanos. Es digno de los mexicanos no caer en los gustos de la hegemonía. No por qué el mundo diga que es la mejor película, los mexicanos tenemos que decir “¡A güevo!”, sólo por ser mexicana.

*Antropóloga social.

Correo electrónico:monteroyezica@gmail.com

[1] https://www.milenio.com/opinion/susana-moscatel/estado-fallido/no-van-a-entender-roma-si

[2] Elías, Norberto. Compromiso y distanciamiento. Barcelona. Península. 2002.

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