Global-Local: Mirador Internacional

Lecciones de la visita de Donald Trump en Europa

Manifestación anti-Trump en Londres, 14 de julio de 2018. Foto: Cortesía Marisol Reyes Soto.

Marisol Reyes Soto*

La reciente visita de Donald Trump a Europa es muy relevante porque nuevamente el Presidente estadounidense buscó deliberadamente cambiar las pautas de postguerra fría con las que se solían conducir las relaciones diplomáticas de su país.

Esta vez, no sólo tuvo un trato hostil y hasta agresivo con sus aliados occidentales, también sorprendió su conducta complaciente y amigable ante el adversario ruso.

De cara a la relación bilateral que ya se empezó a gestar entre México y los Estados Unidos, es indispensable mantener un registro detallado del desarrollo de estos eventos porque sin duda la diplomacia “a la Trump” está afectando ya a nuestro país.

Haciendo un breve recuento de los hechos, el primer impacto ocurrió en Bruselas, en el marco de la cumbre de la OTAN que reúne a 29 potencias militares, en su mayoría europeas.

Allí, el encuentro inició con un ambiente muy tenso porque previamente Trump había declarado a los medios de comunicación que su país podría dejar la alianza del Atlántico Norte, si sus integrantes no se comprometían a elevar su gasto militar.

A boca de jarro mencionó que: “La Unión Europea es posiblemente tan mala como China, solo que más pequeña. Es terrible cómo nos tratan”.

Aunque Alemania y Francia hicieron esfuerzos para zanjar las diferencias e intentaron atraer la discusión sustantiva, en torno a la vulnerabilidad geopolítica que existe en Ucrania y Georgia, ante una Rusia expansionista.

Al final, la reunión terminó con una declaración pública de Trump que se calificó como una mezcla de elogios desmedidos y amenazas veladas.

Aunque los miembros de la OTAN incrementarán su gasto militar, no se acordó si lo harían al 4% del PIB solicitado por los Estados Unidos.

El segundo evento insólito se llevó a cabo en el Reino Unido. Esta nación siempre ha estado orgullosa de mantener una relación “especial” con los Estados Unidos por su cultura anglófona común y su apoyo en eventos recientes como la guerra en Irak.

Inusitadamente, esta vez, Donald Trump intervino abiertamente en la política interior británica en un momento muy sensible por las divisiones que han provocado las negociaciones del BREXIT (salida del Reino Unido de la Unión Europea). Específicamente, poco antes de su reunión con la Primer Ministra, Theresa May, Trump criticó abiertamente la estrategia de la mandataria, quien apoya el mantenimiento de una relación comercial y arancelaria sólida con la Unión Europea.

Trump, le dio una puñalada por la espalda cuando anunció en los medios de comunicación que él apoyaba una separación comercial total y además se ufanó de ser buen amigo del mayor adversario político de May.

Hoy, ya no queda la menor duda de la absoluta animadversión de Trump ante el multilateralismo comercial y su interés por utilizar toda su influencia para promover las relaciones económicas bilaterales.

El broche de oro se cerró en el encuentro con Vladimir Putin en Helsinki. No queda claro aún si esa reunión realmente iniciará una nueva etapa en las relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y Rusia, pero lo que es cierto es que en esta vez el presidente estadounidense mostró afabilidad, cortesía y hasta calibró muy bien sus declaraciones públicas sobre el villano favorito de Occidente.

Por ahora no se ha revelado si Trump hizo comentarios directos en torno a la anexión de Crimea y la disputa con Ucrania, pero Putin cumplió con su parte asegurando categóricamente que Rusia no tuvo ningún tipo de intervención en las elecciones estadounidenses y ambos lanzaron su artillería ofensiva contra Hillary Clinton como la culpable del rumor.

Mientras Trump hacía historia en Europa, en México, Andrés Manuel López Obrador recibió la visita de los funcionarios más importantes de la Casa Blanca, porque pertenecen al círculo cercano del Presidente. Mark Pompeo, secretario de Estado o equivalente a canciller; el asesor de la Casa Blanca y yerno del presidente, Jared Kushner; el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin; y la secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen. La reunión lanzó un mensaje directo sobre el interés de sentar una agenda compleja e institucionalizada con la nueva administración mexicana.

Sin embargo, no hay que subestimar la astucia política de Trump y el interés por actuar cuando un tema le interesa personalmente. Sólo basta recordar que él contactó telefónicamente a Andrés Manuel López Obrador para felicitarlo por su triunfo, aún antes de conocer los resultados preliminares oficiales del INE. La llamada fue artera porque Trump le manifestó a AMLO su interés por negociar un tratado bilateral con México y al parecer, al calor del momento y en medio del desconcierto, el candidato ganador le respondió afirmativamente.

Posteriormente, el equipo de campaña se daría cuenta del craso error con la llamada del mandatario de Canadá, Justin Trudeau, quien ha defendido a capa y espada el TLCAN ante los aranceles impuestos recientemente y que han tensado más las ya complicadas negociaciones para la renovación del Tratado.

Finalmente, las elecciones legislativas estadounidenses están a la vuelta de la esquina y en noviembre se verá si la popularidad interna de Trump le permitirá su reelección. A partir de ese resultado, su estado de ánimo influenciará al mundo y a México.

*Académica especializada en temas internacionales.

Correo electrónico: mreyess@itesm.mx

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