Mujer de la sospecha

El fracaso de la tolerancia

Imagen: Especial.

Yezica Montero Juárez*

Seguramente algunas veces a usted le han dicho: “deberías de ser más tolerante”. ¿Se siente molesto cuándo le piden esto? Comencemos por la definición de tolerancia. Según la RAE se define como: “Respeto a las ideas, creencias, o prácticas de los demás cuando son diferentes a las propias”. Es un principio lógico: “no meterse en las creencias e ideas del otro”. Sin embargo, la contradicción es parte de la naturaleza humana.

La genealogía del concepto de Tolerancia podría rastrearse a partir del inicio de las comunidades primitivas. Las primeras formas de organización social se reprodujeron de forma endógama (entre miembros de la misma familia). Una de las piezas claves para la supervivencia biológica, social y económica de estas comunidades fue el entablar lazos con otras tribus; es decir, la aparición de la exogamia; y con ello, la creación del más grande de los mitos: el incesto.

Para llegar a generar este tipo de acuerdos entre distintos grupos, se ha tenido que pasar por una serie de procesos de índole ritualista como los matrimonios. Hablando en plata: los grupos primitivos tuvieron que abrirse a otras ideas, otras formas de vida; es decir, hicieron uso de la Tolerancia.

Cuando hablamos del concepto actual de Tolerancia, lo inmediato es remitirnos hacía la época de la Ilustración. Los pensadores clásicos como Rousseau, Voltaire, o Locke, comenzaron a plantear los pros y contras del uso de la Tolerancia. En el mismo sentido histórico, pero cientos de años atrás, Voltaire describe en “Tratados sobre la Tolerancia”, cómo sociedades como la griega practicaban la tolerancia en sentido religioso, donde se adoptaban prácticas y creencias de otros pueblos. Como pueblo conquistador, Voltaire dice de los griegos que “sitiaban una ciudad, se hacía un sacrificio y se rezaba a los dioses de la ciudad para conciliarse sus favores”. De igual forma, había tolerancia hacía el grupo de los epicúreos quienes negaban la existencia de la providencia y el alma. En el mismo tenor, Voltaire se asombra de la Tolerancia de pensamiento practicada en la antigua Roma, donde surgieron los grandes cuestionamientos de Cicerón y la negación de Lucrecio. Esta Roma que nos describe Voltaire, se antoja como una ciudad cosmopolita, donde había libertad de creencias, con templos destinados a Isis, y Sinagogas para que los judíos comerciantes tuvieran un recinto durante su estadía. En pocas palabras, Voltaire, enarbolando a las prácticas pasadas y la tolerancia, dijo: “puedo equivocarme; pero me parece que de todos los antiguos pueblos civilizados, ninguno estorbó la libertad de pensar”.

Ahora, que la Tolerancia es el marco de los valores modernos, paradójicamente nos enfrentamos día a día a batallas ideológicas incansables. Uno de los rines que se encuentran al alcance de todos, es el internet. En redes sociales las batallas ideológicas se dan a diario. Los temas son infinitos; desde los clásicos debates sobre el aborto, preferencia sexual, derechos humanos; pasando por los apasionantes análisis políticos que terminan siendo conjeturas personales; hasta pelearse por cuál es el color de un vestido.

El ring de la realidad, es el más peligroso. La ideología se ha capitalizado a tal punto que las guerras de la actualidad surgen –aparentemente– por fundamentalismos religiosos. Sospechosamente donde existen grupos fundamentalistas, son territorios llenos de recursos naturales, pero se escucha mejor decir que hay una lucha contra el terrorismo islámico o el narcotráfico, a que queremos manejar sus recursos y mano de obra.

No se nace siendo tolerante, muchas veces vamos a discernir de otras creencias, ideas, formas de vida; pero es importante aprender a fluir, entender a los otros como seres que nacieron bajo otros contextos. Lo interesante de la humanidad es que todos somos y pensamos distinto. ¿Qué tanto practica la Tolerancia?

*Antropóloga social.

Correo electrónico: monteroyezica@gmail.com

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